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domingo, 18 de marzo de 2012

Crónicas desde el cielo: Talía, la guía

Caminaba despistado, con las manos en los bolsillos de su pantalón de color claro. La mirada perdida aún pensando en porque estaba allí en aquel extraño lugar y como había llegado a aquella situación, así se encontraba aquel hombre apuesto, alto, de pelo cano y tez morena caminando a través de aquella alameda repleta de extraños árboles esponjosos como nubes y suelo firme y empedrado con trocitos de piedra meteórica.

No había nadie a su alrededor, ni una luz al final del camino por lo que ni siquiera sabía ciertamente a donde se dirigía.
De pronto en uno de los lados del paseo creyó reconocer la silueta de una persona. Era alta, delgada y al pronto descubrió que de su espalda salían lo que parecían ser un par de alas de plumón blanco.
-“¡Hola Francisco!, ¿cómo estás?

-“Bien, contestó y preguntó entre curioso y asustado: ¿Nos conocemos?
Sí, amigo Paco, mi nombre es Talía, soy el ángel del teatro, algunos me llaman diosa pero realmente tan solo soy un ser de luz.

De una luz, tan intensa que aquel a quien toco con mis manos se ciega y enamora de mi arte, sin pensar en otra cosa. Pero, tú ya me conoces, te fui a visitar de niño a tu casa de Sevilla, ¿Recuerdas?
Paco, sonriente, con mirada ilusionada, se tranquilizó al ver al fin a alguien conocido, desde hacia tantos años…
Y le contestó con una voz firme y varonil que llegó a emocionar a aquel “ángel” teatral.
“Sí, te recuerdo, hemos sido compañeros de viaje muchos años, pero siempre te veía cercana pero escondida… ¿Porqué te apareces ahora?
Porque durante años he estado guiándote en la sombra por el cine, la televisión y el teatro.

¿Recuerdas cuándo alguna vez se te olvidaba un texto o una frase y sentías un soplido en una de tus orejas? Era yo, Paco. Te guíe en tu profesión desde tus comienzos.
Yo ponía los papeles que serían éxitos en tus manos y apartaba con una bocanada de aire los textos que no lo serían, casi siempre lo logré.
Soy algo así como “tu ángel de la guarda”.Yo te preservé en el nombre de las musas de las enfermedades y cuando las tuviste te hice superarlas, hasta que este año de “arriba” me dieron la orden de que te necesitaban. Y aquí estás. No te asustes. Te están esperando. ¿Me acompañas?
Paco, asintió con la cabeza, sus ojos tenían el brillo curioso de un niño que espera sus regalos en la noche de reyes. La diosa le cogió de una de sus manos y comenzaron a levantar el vuelo a través de magníficos paisajes llenos de inmaculadas nubes, estrellas y lejanas constelaciones de brillo cegador.
“¿Falta mucho para llegar?- pregunto nuestro protagonista impaciente.
La diosa alada, negó con la cabeza, mientras le decía:
¡”Mira hacia abajo!...
Francisco echó una mirada hacia donde su guía le decía y comenzó a ver luces, focos, música ,viejas candilejas y un gran teatro a la italiana con maravillosos telones de aterciopeladas nubes y butacas de estrellas de cola de cometa en las que enseguida reconoció a viejos amigos y amigas con los que creía jamás volvería a actuar ni tan siquiera a ver.
A medida que descendían comenzó a ver sus caras más claramente.
¡Están todos!, gritaba entusiasmado. ¿Los ves, Talía?, preguntó sin dejar de ver aquel espectáculo maravilloso.

Nadie le contestó, miró hacia atrás y comprobó que su nueva y vieja amiga había desaparecido.
A pesar de ello, ya no se sentía solo. ni perdido, ni inseguro, estaba realmente contento junto a Pepe, Quique, Rafaela, Mary, Queta, Francisco, Carlos, Lola, Fernando, Jesús, Juanjo, Olga, Enrique, Enma, Irene, Gracita, Amparo, José Luis, Manuel, Agustín, Raquel, Carla y tantos y tantos y tantos amigos y amigas.
Desde una nube, en la lejanía, la vieja diosa del teatro miraba la imagen con lágrimas en los ojos, pensando:
“Está bien. Ya está con los suyos. Es feliz”
A la noche siguiente, en una casa de un lugar de la tierra en el norte de España, la vieja diosa Talía se acercaba a la cabecera de la cama de una aprendiz de actriz, soplándole como los viejos apuntadores su nueva Crónica desde el cielo.

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