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domingo, 22 de febrero de 2009

Otra frase hecha : Pídele cuentas al rey


Cuando algo sale mal después de mucho trabajo y creemos que es una injusticia y no paramos de quejarnos, siempre hay alguien que en tono irónico nos dice aquello de:
"Pídele cuentas al rey", como diciendonos que es imposible y qu ya no hay nada que hacer.
Me han contado una historia que puede ser el origen de esta frase hecha aqui os la dejo:
Había una vez, hace mucho tiempo, un rey que gobernaba un próspero país. La pobreza era desconocida y todo el mundo tenía un trabajo productivo. Por eso, la aparición de un mendigo caminando por la calle principal causó un gran alboroto en la capital. El rey pidió ver a este hombre extraño. Cuando se lo llevaron, el mendigo declaró que en verdad no tenía ninguna posesión ni ningún dinero para comprar comida. El rey magnánimamente le ofreció todo cuanto pudiera comer en el resto de la semana, y ropas limpias, para que el mendigo pudiera continuar su camino al reino vecino. Sorprendentemente, éste declino la oferta real, y pidió un modesto favor. El rey pidió saber de qué se trataba. El mendigo humildemente solicitó un grano de arroz para el primer día, dos el segundo, cuatro el tercero, y así sucesivamente, doblando cada día la contribución del anterior.

El rey miró por la ventana sus graneros llenos a rebosar y estaba a punto de aceptar cuando su gran visir, que recordaba lo que había aprendido en su asignatura de Introducción a las Matemáticas en la universidad local, advirtió a su majestad que se lo pensara mejor. Para calcular las implicaciones de la petición, sacó un ábaco polvoriento y empezó a calcular exponenciales. Tras un rato de trajinar, encontró que no podía expresar la magnitud de los números porque se le acababan las cuentas. El rey, impaciente con su visir ante un deseo tan simple de un pobre hombre, concedió oficialmente al mendigo su deseo. No sabía que había firmado la sentencia de muerte de su reino.

Al día siguiente, el mendigo apareció para reclamar su grano de arroz. Los paisanos se rieron de él y le dijeron que más le hubiera valido aceptar la oferta del rey de comer hasta hartarse en lugar de ese miserable grano de arroz. Al segundo día, volvió a por dos granos. Una semana más tarde, trajo una cucharilla para llevarse los 128 granos que le correspondían. En dos semanas, ya era una porción no desdeñable de medio kilo. Al final del mes, había crecido a 35 toneladas. Unos días después el rey tuvo que declarar la bancarrota. Eso fue lo que se tardó en arruinar el reino.

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